JORGE FERNÁNDEZ GONZALO POR TRI/TO/MA
XXVI edición
Jorge Fernández Gonzalo (Madrid, 1982)
Doctor en Filología Hispánica por la UCM y en Filosofía por la UAM, es autor de más de una veintena de poemarios, por los que ha obtenido premios como el Joaquín Benito de Lucas (Mudo asombro, 2004) o el premio Hiperión de poesía joven (Una hoja de almendro, 2004).
En los últimos años ha recibido varios premios de poesía, como el Vicente Núñez con Modelaje de un cuerpo, el premio Amantes de Teruel con Raíz de la palabra, el premio Santa Cruz de la Palma con Un gorrión hecho de sombra, el César Simón con Como un buzo en medio del desierto, el premio de poesía mística Albacara con Epojé, o el premio Juan Gil-Albert Ciutat de València con su libro Insectario, entre otros.
Como ensayista ha publicado una docena de libros de filosofía, sociología y teoría literaria. Entre ellos, destacan títulos como Filosofía zombi (Finalista premio Anagrama 2011), Homo public (Premio Fray Luis de León, 2014) o La resta risible (Premio Alfons el Magnànim). Actualmente es profesor de filosofía en la Universidad Complutense de Madrid.
«Tri/to/ma»
El fallo del Jurado tuvo lugar el pasado viernes 20 de febrero de 2026 en Madrid. Actuó como presidenta Marina Casado, como secretario Francisco José Martínez Morán y fueron vocales Eduardo Balbás de Arenaza, Luisa Cruz Picallo, Amalia Bautista y Verónica Aranda. De las 1.220 obras presentadas este año, tras realizarse el correspondiente proceso de preselección por tres profesionales de reconocido prestigio en el ámbito poético español, quince fueron sometidas a criterio directo del Jurado. Una vez resaltada unánimemente la calidad de los manuscritos valorados y tras la oportuna deliberación, acordaron por mayoría otorgar el Premio a la obra Tri/to/ma, presentada bajo la plica señalada con el número de orden 247, con seudónimo «Fractura».
El jurado destacó la coherencia simbólica y estructural del libro, dividido en tres planos, que explora la fractura como origen del lenguaje y la experiencia humana. Asimismo, se mencionó el dominio de la métrica y la concisión, además de un imaginario natural –plantas, pájaros, luz– de gran plasticidad, hilo conductor de una meditación sobre el cuerpo y el acto mismo de escribir.
